Texto recibido el 5 de febrero de 2007
No se olvida fácilmente una
sonrisa agradecida... Eso fue lo que más me llamó la atención en mi
primera visita al Comedor El Salvador para hacer una de nuestras
mensuales entregas de alimentos. Pero más curioso que el hecho en si
de la sonrisa y del agradecimiento fue el descubrir a la persona dueña
de ese gesto, tan lleno de paz. No se trataba de nadie que fuera a
beneficiarse de la humilde obra de esto que hemos venido a denominar
"Bolsa de Caridad". Era una de las hermanas, la que nos recibió en un
día de lluvia de estos en los que la calle Porvera tiene que ser
cortada al tráfico rodado, no así a las embarcaciones.
No creo que haga falta ensalzar desde aquí la labor que realizan las
hermanas. De todos es sabido que su obra es el sustento de muchas
familias necesitadas de nuestra ciudad. Yo destacaría la alegría con
que se entregan a los demás. Y cómo dejan su labor en manos de Dios,
de quien saben que no las dejará solas.
Yo creo que esto merece la pena... Y no se trata de tapar nuestras
conciencias con unos euros al mes, que al fin y al cabo acabaríamos
gastando en cualquier tontería. Se trata de ayudar, de tener
conciencia de lo que se cuece dentro de esas cuatro paredes... Y si no
probad a acompañarnos a alguna entrega. Entonces comprenderéis
realmente de que va todo esto. Definitivamente no todo es dinero en
esta vida.
Fdo: Uno como tú |